Una Semana Santa de contrastes

No sé si sabréis de quiénes son estos nombres que os mostraré a continuación: José Antonio Pardines Arcay, Melitón Manzanas González, Miguel Ángel Blanco Garrido, Gregorio Ordóñez Fenoll.

Son cuatro vidas truncadas por el terror, cuatro familias destrozadas para siempre, cuatro nombres y apellidos a los que debo añadir uno más, que, sin estar directamente relacionado con los anteriores, también refleja el dolor y sufrimiento continuado a causa de una sociedad podrida que ha fallado a una persona totalmente inocente: Noelia Castillo Ramos.

Hoy, Domingo de Ramos, empieza la semana más sagrada del año cristiano. La misma en la que hoy mismo recordamos como Jesús entró en Jerusalén entre palmas y ovaciones, pese a que era consciente de que la traición, la injusticia y la muerte le estaban esperando. Y sin embargo esta Semana Santa viene precedida de una forma que revuelve el estómago de cualquier persona decente, ya que, mientras Soledad Iparraguirre, más conocida como “Anboto”, exdirigente de ETA, sale de la cárcel de Martutene en régimen de semilibertad concedida por el gobierno vasco, una joven de 25 años, Noelia Castillo Ramos, ha sido “ayudada a morir” mediante eutanasia el pasado jueves 26 de marzo en un hospital de Barcelona.

Anboto, vinculada a decenas de asesinatos y condenada a casi 800 años de cárcel, ahora disfruta de una libertad en la que sólo tendrá que dormir en prisión. La misma banda que terminó con la muerte de cientos de inocentes (incluidos los cuatro nombres que hay al principio) ve como una de sus líderes camina por las calles, mientras las víctimas y sus familias siguenesperando una justicia que parece no llegar.

Al mismo tiempo, Noelia, una chica de 25 años que quedó parapléjica tras un intento de suicidio provocado por un sufrimiento insoportable, debido a una violación en grupo y traumas profundos, pidió ayuda para poner fin a su calvario. Tras casi dos años de batalla judicial contra la oposición de su propio padre, los tribunales avalaron su solicitud. El Estado español le permitió morir. Una joven que, en plena juventud, eligió (o se le permitió elegir) dejar de sufrir. Ahora la pregunta que nos tenemos que hacer como seres humanos civilizados, que vivimos en un estado que se hace llamar “civilizado”, es, ¿cómo cojones se explica esto?

Se deja morir a una chica de 25 años, se le pone una inyección letal con todos los protocolos legales, y a una asesina condenada por terrorismo, se le concede una semilibertad (y vete tú a saber si pronto algo más). Se protege el “derecho a una muerte digna” de quien sufre, pero se libera (al menos parcialmente) a quien hizo sufrir y matar a otros.

¿Qué pensaría Jesús al ver todo este circo?

Vosotros imaginad cómo lo vería el mismo que dijo “no matarás”, el que lloró ante la tumba de Lázaro, el que perdonó al ladrón arrepentido en la cruz, pero nunca justificó el mal. Ese Jesús, que vivió la injusticia en su propia carne, vería, con un dolor profundo, cómo llamamos “progreso” y “compasión” a lo que en realidad es un espectáculo dantesco. Imaginad cómo vería el hecho de que, mientras se libera a quien quitó vidas sin arrepentimiento público y verdadero ni reparación real a las víctimas, se acelera la muerte de una joven cuya vida, aunque rota, podría haber encontrado consuelo, acompañamiento y esperanza en una sociedad verdaderamente humana.

El mismo Jesús, que curaba a los enfermos, que abrazaba a los marginados y que siempre defendió la dignidad inviolable de la persona desde su nacimiento hasta su muerte en el Gólgota, probablemente diría hoy lo mismo que dijo en el templo: “Habéis convertido la casa de mi Padre en una cueva de ladrones”. Sí, tiene que haber misericordia para el pecador que se arrepiente, pero no silencio ante la injusticia institucionalizada. No ante un sistema que parece más dispuesto a borrar el sufrimiento eliminando al que sufre, que a castigar con firmeza al que causó dicho sufrimiento.

Esta Semana Santa de 2026 tenemos que hacernos ver de frente estos contrastes. Mientras procesionamos con pasos y marchas, mientras recordamos la Pasión, Muerte y Resurrección del Señor, no podemos ignorar la pasión silenciosa de las víctimas del terrorismo ni el drama de quienes, como Noelia, se van con el permiso del Estado.

Espero que Dios tenga misericordia de España en esta Semana Santa y que nunca olvidemos los nombres: José Antonio Pardines Arcay, Melitón Manzanas González, Miguel Ángel Blanco Garrido, Gregorio Ordóñez Fenoll.

Y el de Noelia Castillo Ramos.

Porque toda vida importa, sin importar la ideología, la religión o el lugar de la persona.
Siempre.

Mario César Makemesa

 

Director Autonómico de Castilla-La Mancha

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